Aquí están otra vez
las migajas de un nuevo día
el café en vena a las seis de la mañana
corriendo-te despacito
con ese frío que hiela la sangre
y observas el metro, sin ganas,
alejarse mientras corres
en dirección Sainz de Baranda.
Y corres, vuelas y saltas
y maldices todas las copas
que tomaste ayer por la noche.
Te giras con cuidado
sin mostrar todo tu cansancio
por hoy ya tienes suficiente.
Y agonizas frente a la mirada
grotesca de un televisor de plasma
que te dice que todo va bien
y que viajar es más barato
si tienes menos de veintiseis.
Y la rutina se te come
y cuando comes lo haces sin alma
que se lo ha llevado todo
esta ciudad de polen gris
que te llena los pulmones
de alquitrán negro y acónito.
Y llegas a casa
mueres
en el colchón que te ve marchar
cada
nuevo
puto
día
a las seis de la mañana.
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