Daría todo por curarte
cada mañana de resaca no querida,
y de otros males que te afligen.
De poder darte todo a cambio de nada,
de llorar tus lágrimas como si fueran mías.
Daría la vida por salvar la tuya,
aunque, fuera una tarde
sin despedida o una noche
de alcohol y ajetreo
entre tus cuadros de París y New York.
Daría cada uno de mis segundos
por cambiar la perspectiva de tu cuarto
y que por una vez vieras lo que yo veo.
Y, sin embargo, cada noche
Antes de sentirnos nuestros
te giras y me dices:
"Gracias por el ruido, cariño."
Y entre tu puerta y mi miedo,
Resuena a lo lejos tu voz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario