Usurpando
el trono de la discordia
siento que debo gritar
algo funesto y terrible,
sin misericordia.
Hacer vibrar el tiempo
y que los pasos de mil hombres
atraviesen tierra y aire.
Vanagloriarme en las penas
y tejer, apócrifamente,
mi piel impermeable.
Romperte el corazón
y correr.
Desangrarme el alma
y sentir
que no soy nadie.
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