lunes, 25 de abril de 2016

¡Oh, Guadalajara!

Que no son más diáfanas las flores
que el hecho de la vida eterna.
Que al igual que las verdes praderas
la esencia de una vida plena
acaba esta tarde de domingo.
Que no hay camino o acera
que no sea buena cama
para el mendigo.
Que en las tardes ajenas
la triste Guadalajara
guarda el recuerdo del Sol
en las acequias grises y empedradas.
Que no hay lugar más oscuro
aún cuando la luz baña
por completo sus lindes.
Que en este mundo no existe
una tierra tan breve ni tan simple
como la muerte blanca
de las carreteras estancadas
que me llevan a sus pies. 
¡Oh, Guadalajara!
Tierra vacía de pájaros libres
lléname de tu infinita ausencia
Madre patria de nadie...
Te quiero tanto 
que la vida pasa y 
yo ya no soy nadie
por pensar en ti
como quien piensa
en los baldíos ecos del hambre.

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